XanGo el Jugo de la Fruta Entera del Mangostán


El valor de nuestros actos

Posted in Historias de Éxito y Motivación por Carlos González Nogueda en julio 25, 2006

Amigos. Entre otras muchas circunstancias positivas, una genial de esta comunidad es que estamos enfocados en dar bienestar a nuestros semejantes.

Una respuesta to 'El valor de nuestros actos'

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  1. xangocg said,

    El valor de un abrazo
    Hacen unos veinte años, yo manejaba un taxi para vivir.

    Durante ese largo tiempo, en el turno de noche, mi taxi se convirtió en un confesionario móvil. Los pasajeros que subían se sentaban atrás de mí en un total anonimato, y me contaban acerca de sus vidas.

    Encontré personas cuyas vidas me asombraban, me ennoblecían, me hacían reír y me deprimían. Pero ninguna me impactó tanto como la anciana mujer que recogí en una noche de agosto.

    La llamada provenía de una zona tranquila de la ciudad. Asumí que recogería a alguien saliendo de una fiesta, o a alguno que habría tenido una pelea con su amante, o tal vez un madrugador obrero hacia alguna fábrica en la alejada zona industrial.

    Cuando llegué, a las 2:30 a. m, el edificio estaba oscuro, excepto por una tenue luz en el primer piso. Bajo esas circunstancias, muchos taxistas sólo hacen sonar su claxon una o dos veces, esperan un minuto, y después se van. Pero yo he visto personas empobrecidas que dependen de los taxis como único medio de transporte, y aunque la situación se veía peligrosa, decidí ir hacia la puerta. Toqué, esperé, y una frágil voz respondió: “un minuto”.

    Pude escuchar que algo era arrastrado a través del piso y después de largos minutos, la puerta se abrió.

    Una pequeña mujer de unos ochenta años se paró frente a mí. LLevaba puesto un vestido floreado y un sombrero con un velo, como salida de una película de los años 40’s. A su lado, una pequeña maleta negra. El departamento se veía como si nadie hubiera vivido ahí durante mucho tiempo. Los muebles estaban cubiertos con sábanas, las paredes desnudas, tan sólo divisé una caja de cartón llena de fotos y una vajilla de cristal. La pequeña mujer repetía su agradecimiento por mi gentileza.

    – No es nada -le dije- tan sólo intento tratar a mis pasajeros de la forma que me gustaría que mi madre fuera tratada.

    – Oh, estoy segura de que es usted un buen hijo! dijo ella.

    Cuando llegamos al auto, me alcanzó un papel con una dirección y luego preguntó:¿Podríamos ir por el centro?

    – Pero…ése no sería el camino más corto.

    – No importa….. no tengo prisa, estoy camino del asilo. Miré por el espejo retrovisor y me encontré con sus ojos llorosos. No tengo familia -continuó- y parece que, además, no me queda mucho tiempo.

    – Me adelanté y, disimuladamente, desconecté el taxímetro.

    – Muy bien ¿por dónde le gustaría ir?

    Durante las 2 horas siguientes manejé a través de la ciudad. Ella me enseñó el edificio donde había trabajado como ascensorista, fuimos por el barrio donde vivió con su esposo, de recién casada; nos detuvimos en una tienda de muebles donde alguna vez hubo una academia de baile, en la que ella tomaba clases cuando niña.

    Me pidió también que pasara lentamente por una calle, frente a un edificio o una esquina en particular, miró a través de la oscuridad… y sin decir una palabra.

    Despuntaba el primer rayo de sol en el horizonte, cuando, repentinamente, dijo:

    – Estoy cansada, vámonos ya.

    – Manejé en silencio hacia la dirección que me había dado. Era un edificio bajo, como una pequeña casa de convalecencia. Dos asistentes vinieron rápidamente hacia el taxi.. parecía que habían estado esperándola.

    – Muy amables y atentos, vigilaban cada uno de sus movimientos mientras le acercaban una silla de ruedas.

    Abrí la maletera y dejé la pequeña maleta en la puerta.

    – ¿Cuánto le debo?-me preguntó antes de sentarse, buscando en su bolso-
    – Nada.
    – De algo tiene que vivir…
    – Habrán otros pasajeros…
    – Fue entonces cuando, casi sin pensarlo, me acerqué y la abracé. Ella me rodeó con fuerza, y dijo:
    – ¡¡Necesitaba un abrazo !!
    Apreté su mano y luego me di vuelta, profundamente conmovido, caminando hacia la luz de la mañana.
    Detrás, sentí que una puerta se cerraba, el sonido seco de una vida concluida.

    No recogí a ningún pasajero esa mañana… manejé sin rumbo por el resto del día, pensando solamente:¿Qué habría sucedido si a la anciana la hubiese recogido un conductor malhumorado o alguno que estuviera impaciente por terminar su turno?¿Qué habría pasado si me hubiera rehusado a tomar la llamada, o si hubiese tocado el claxon una vez, y me hubiese ido?
    Viéndolo bien, no creo que haya hecho algo más importante que eso, en toda mi vida.

    Estamos condicionados a vivir esperando que en nuestras vidas ocurran grandes cosas en grandes momentos y resulta que los grandes momentos -muchas veces, nos atrapan bellamente desprevenidos.

    Las personas tal vez no recuerden algo que tú hiciste o dijiste… pero siempre recordarán cuándo y cómo, alguna vez, los hiciste sonreír.


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